Mujeres en la ciencia
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Mujer enseñando geometría.
Ilustración en los inicios de la traducción medieval de los
principios de Euclides, (c. 1310).
Las mujeres han
contribuido a la ciencia desde sus
inicios, aunque no hayan sido reconocidas por ello. Historiadores interesados
en ciencia y género han mostrado
las contribuciones hechas por mujeres, las barreras con las que se toparon y
las estrategias que desarrollaron para que su trabajo fuese aceptado.
Antigüedad
La participación de las
mujeres en el campo de la medicina ha sido
documentada por varias civilizaciones tempranas. Una egipcia, Merit Ptah (2700 a.
C.), descrita en una inscripción como "médica principal", es la
primera mujer mencionada en la Historia de
la ciencia. Agamede fue citada
por Homero como
curandera en la Antigua Grecia antes de la
Guerra de Troya. Agnodice fue la
primera médica en trabajar como tal en el siglo IV a. C. en Atenas.
El estudio de la Filosofía natural en la antigua Grecia se abrió a
las mujeres. Ejemplos documentados incluyen a Aglaonike, quien
predijo eclipses; y a Téano, una médica
y matemática que fue
pupila (y posiblemente también esposa) de Pitágoras, y miembro
de la escuela fundada por Pitágoras en Crotone, donde
estudiaban otras muchas mujeres.1
Ha sido documentada la
contribución de varias mujeres en la protociencia de la alquimia en Alejandría alrededor
de los siglos I y II d.C, donde la tradición gnóstica liderada
por mujeres ha sido valorada. A la más conocida, María La Judía, se le
atribuye la invención de varios instrumentos químicos, incluida la técnica del baño María y un tipo
de alambique.2
Hipatia de
Alejandría, (370-415 a. C.), era hija de Teón de Alejandría, quien
trabajaba y daba clases en la Biblioteca
de Alejandría. Hipatia escribió textos de geometría, álgebra y astronomía, y se le
atribuyen varios inventos como el hidrómetro, un astrolabio y un
instrumento para la destilación de agua.1
Europa
medieval
Hildegard de Bingen.
La educación
universitaria en Europa fue accesible para
algunas mujeres durante el periodo medieval. Se cree
que en el siglo XI, la médica italiana Trotula de Salerno, ocupó una
cátedra en la Escuela
Médica Salernitana, donde enseñó a muchas
mujeres nobles italianas, un grupo referido en ocasiones como "las
señoritas de Salerno".2 Varios
textos importantes en medicina, sobre todo en obstetricia y ginecología entre otras
materias, también han sido atribuidos a Trotula. La Universidad
de Bolonia permitía a las mujeres asistir a clase desde
sus inicios en 1088, y Dorotea
Bucca ocupó allí una cátedra durante el siglo XV.3
Los conventos medievales
eran otro lugar para la educación de las mujeres, y algunos dieron
oportunidades a las mujeres para contribuir en investigación académica.
Sin embargo, en su mayor parte, las mujeres eran excluidas de las universidades.4 Un ejemplo
es la abadesa alemana Hildegard de Bingen, cuyos
prolíficos escritos incluyen varias materias científicas, incluida la medicina, la botánica y la Historia natural
(c.1151-58).5
] Revolución
científica (siglos XVI y XVII)
A pesar del éxito de algunas
mujeres, los sesgos culturales durante la Edad Media eran notables. Estos
sesgos afectaron a la educación y la participación de las mujeres en la
ciencia. Muchos creían en la sumisión de la mujer como un valor positivo y
natural, y muchos de esos sesgos provienen de la filosofía cristiana. Santo Tomás
de Aquino, refiriéndose a las mujeres, escribió en su
obra más importante Suma Teológica, "este
es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza, fue puesta bajo el
marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento."6
La Revolución
científica de los siglos XVI y XVII vio una gran afluencia
de mujeres al campo de la ciencia, sin embargo, las mujeres fueron excluidas de
las universidades. Así, para continuar con sus intereses científicos, las
mujeres se vieron obligadas a obtener sus conocimientos de manera informal. Los
hombres de la nobleza europea eran libres de desarrollar sus intereses en
ciencia como hobby, y las puertas estaban abiertas a las mujeres que podían
tomar parte en los trabajos científicos informales juntos a sus padres y
hermanos. Se alientaban las habilidades en pintura de las mujeres nobles, y a
menudo les servían para detallar y precisar las ilustraciones científicas
Margaret Cavendish, una mujer
aristócrata del siglo XVII Duquesa de Newcastle, tomó parte en algunos de los
debates científicos más importantes del momento. A pesar de no estar admitida
en la Royal Society inglesa,
una vez se le permitió asistir a una reunión. Escribió numerosos trabajos sobre
materias científicas, incluyendo Observations upon Experimental Philosophy
y Grounds of Natural Philosophy. En estos trabajos fue especialmente
crítica con la creencia creciente de que los humanos, a través de la ciencia,
eran los amos de la naturaleza. Como aristócrata, la Duquesa de Newcastle fue
un buen ejemplo de mujeres que trabajaron en ciencia en Francia e Inglaterra.
Mujeres que querían trabajar
en ciencia y vivían en Alemania llegaron
con distintos bagajes. Allí, la tradición de la participación femenina en el
oficio de la producción permitía a algunas mujeres adentrarse en la ciencia
observacional, especialmente en astronomía.Entre 1650
y 1710, las mujeres representaban, en Alemania, el 14% del total de científicos
en astronomía. La mujer astrónoma más conocida fue Maria
Winkelmann. Fue educada por su padre y su tío y recibió
conocimientos en astronomía por astrónomo autodidacta cercano. Su oportunidad
de ser profesional en astronomía llegó cuando se casó con Gottfried
Kirch, el astrónomo más conocido en Prusia. Ella se
convirtió en su ayudante en el observatorio
astronómico que operaba en Berlín por la
Academia de las Ciencias. Realizó algunas contribuciones originales, incluido
el descubrimiento de un cometa. Cuando su marido murió, Winkelmann solicitó un
cargo de astrónomo asistente en la Academia de Berlín, para el cual estaba
altamente cualificada. Por ser mujer -sin estudios universitarios- se le denegó
el cargo. Miembros de la Academia de Berlín temieron establecer el mal ejemplo
de contratar a una mujer.
Los problemas de Winkelmann
con la academia de Berlín reflejan
los obstáculos que las mujeres afrontaban para ser aceptadas en la práctica
científica, que estaba considerada como perteneciente principalmente a los
hombres. Ninguna mujer fue invitada ni a la Royal Society de Inglaterra ni a la Academia de
las Ciencias francesa hasta el siglo XX. Durante el
siglo XVII una vida dedicada a la producción de conocimiento se consideraba
incompatible con las labores domésticas a las que se esperaba que se dedeicaran
las mujeres.
En general, la Revolución
Científica hizo poco por cambiar las ideas existentes
sobre la naturaleza de la mujer. Hombres científicos usaron la nueva ciencia
para extender la idea de que la mujer era por naturaleza inferior al hombre, y
que estaba subordinada a él y a desempeñar un rol doméstico como madres
cuidadoras. La vasta distribución de la producción escrita aseguró la
continuación de estas ideas.
Siglo XVIII
La Ilustración vio la
expansión del rol de las mujeres en la ciencia. El surgimiento de la cultura de
salón literario en Francia
durante este tiempo, llevó a los filósofos y sus
conversaciones sobre temas de política, sociedad y ciencia contemporánea, a las
casas de los pudientes y poderosos. Estos salones eran mayoritariamente
orquestados por mujeres, ya que la casa era tradicionalmente espacio de la
mujer, y muchas mujeres reconocidas emergieron como figuras destacadas tanto
por sus dotes de anfitrionas, que juntaba a los ilustrados intelectuales del
momento, como por sus propias contribuciones intelectuales a la conversación.
Émilie du Châtelet, por
ejemplo, tradujo la obra de Newton, Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, al francés
y dedujo la conservación
de la energía.
Las mujeres pudieron también llevar
a cabo algunos estudios científicos como pasatiempo. Por ejemplo, la botánica fue popular
entre el interés de las mujeres durante el siglo XVIII; a pesar de que las
mujeres no eran consideradas como suficientemente inteligentes para contribuir
en los discursos formales sobre clasificación, pudieron, dado el sistema
taxonómico, identificar y dibujar plantas y flores para su divertimento en el
hogar. El dibujo fue también una importante habilidad que las mujeres
cultivaron sobre manera en sus casas y que a menudo fue puesto al servicio de
la ciencia, especialmente para el dibujo de las nuevas especies de plantas al
regreso de viajes de exploración en el exterior. Maria Sibylla Merian incluso fue
botánica en un barco que realizó montón de excursiones al nuevo mundo, dibujando y
catalogando nuevas especies de flores. Sin embargo, el sistema de Carlos Linneo para
clasificación de las plantas, basado en las características sexuales de éstas,
derivó la atención hacia el libertinaje botánico, y hacia finales del siglo
XVIII las mujeres dejaron de ser motivadas para el estudio de la reproducción
de las plantas por miedo a que pudieran llevarse una educación moral equivocada
de la naturaleza como
ejemplo.
La autora Lady Mary Wortley Montagu a su vuelta
a Inglaterra del Imperio otomano en 1717,
trajo consigo la práctica de la inoculación como
profilaxis contra la enfermedad de la viruela. Escribió
sobre ello con detalle en su famosa correspondencia.7
Debido a que muchos de los
experimentos y conversaciones tenían lugar en la casa, las mujeres pudieron
disfrutar de un espacio en el que asistir a sus maridos u otros miembros de la
familia interesados en la ciencia. Entre las mejor conocidas de estas esposas
se encuentra Marie-Anne
Pierrette Paulze, casada a los 14 años con Antoine Lavoisier y que devino su asistente en el laboratorio de su casa. Marie-Anne
Pierrette Paulze hablaba inglés y tradujo
no sólo la correspondencia de su marido con los químicos ingleses de la época,
sino también íntegramente el "Essay on Phlogiston" de Richard
Kirwan, conocida en español como la Teoría del flogisto. El texto
de Kirwan se trataba de un texto clave en la controversia que existía entre los
químicos ingleses, como Joseph Priestley, sobre la
naturaleza del calor en las reacciones químicas. Marie-Anne Pierrette Paulze
también recibió clases de dibujo de Jacques-Louis David, y
personalmente gravó los catorce platos para el revolucionario trabajo de su
marido, Tratado elemental de química (1789). Marie-Anne Pierrette Paulze
mantenía un pequeño pero activo salón y correspondencia con los científicos y
naturalistas franceses de la época, muchos de los cuales quedaron impresionados
por su inteligencia. Su interés en la naturaleza del calor continuó tras la
muerte de su marido, que fue guillotinado en 1794. Ella se casó de nuevo con Benjamin Thompson en 1804 y
se convirtió en la condesa de Rumford, pero la
intolerancia de Thompson por sus "fiestas de salón" y su rechazo por
incluirla en su vida de experimentador, les llevó al divorcio cuatro años
después.
Otro famoso ejemplo es la
astrónoma Caroline Herschel, quien
nació en Hanover pero se
trasladó a Inglaterra, donde trabajó como asistente de su hermano, William Herschel. Recibió un
pequeño sueldo de la Corona por su trabajo, un ejemplo temprano de una mujer
siendo pagada como científica. Descubrió ocho cometas entre 1786 y 1797, y
presentó el trabajo Index to Flamsteed's Observations of the Fixed Stars
(que incluía más de quinientas estrellas desconocidas hasta entonces) la Royal Society en 1798,
convirtiéndose en la primera mujer en presentar ahí un trabajo. En 1835, ella y
Mary Fairfax Somerville fueron las
dos primeras mujeres elegidas por la Royal
Astronomical Society.
Siglo XIX
temprano
La ciencia siguió
siendo una profesión amateur durante la primera parte del siglo XIX. Las
contribuciones de mujeres seguían limitadas por su exclusión de la mayoría de
ámbitos de educación científica, pero empezaron a ser reconocidas debido a su
admisión en las sociedades doctas durante este periodo.
La científica escocesa Mary Fairfax Somerville llevó a
cabo experimentos en magnetismo,
presentando un artículo titulado "The Magnetic Properties of the Violet
Rays of the Solar Spectrum" a la Royal Society en 1826,
siendo únicamente la segunda mujer en hacerlo. También fue autora de numerosos
textos matemáticos, astrónomos, físicos y geográficos, y fue una ferviente
defensora del derecho de la mujer a la educación. En 1835, junto a Caroline Herschel, fueron las
dos primeras mujeres en ser elegidas por la Royal
Astronomical Society.
La matemática inglesa Ada Lovelace (también
conocida como Ada Byron) mantuvo
correspondencia con Charles Babbage sobre
aplicaciones para su máquina analítica. Es
considerada como la primera programadora, ya que escribió la manipulación de
los símbolos, de acuerdo a las normas para la máquina de Charles Babbage aún
antes de ser construida. En las notas que ella añadió (1842-3) a su traducción
del artículo sobre la máquina de Luigi
Menabrea previó amplias aplicaciones para su uso como
computadora de uso general, incluyendo la composición de música.
En Alemania, el
Instituto de Diaconisas de Kaiserswerth fue
establecido en 1836 para la instrucción de las mujeres en enfermería, y Florence Nightingale también
estudió allí en 1851.8
En los Estados Unidos, Maria Mitchell se dio a
conocer por el descubrimiento de un cometa en 1847, pero también trabajó para la
Oficina de elaboración de Almanaque Naval de EEUU calculando tablas para las
posiciones de las posiciones astronómicas de Venus. Fue la
primera mujer miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias en 1848 y
de la American Association for the Advancement of Science em 1850.
Otras mujeres científicas
notables durante este periodo incluyen a:1
- en Gran Bretaña, Mary Anning (paleontóloga), Anna Atkins (botánica), Janet Taylor (astrónoma);
- en Francia, Marie-Sophie Germain (matemática), Jeanne Villepreux-Power (bióloga marina).
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