lunes, 13 de agosto de 2012


Mujeres en la ciencia
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Mujer enseñando geometría. Ilustración en los inicios de la traducción medieval de los principios de Euclides, (c. 1310).
Las mujeres han contribuido a la ciencia desde sus inicios, aunque no hayan sido reconocidas por ello. Historiadores interesados en ciencia y género han mostrado las contribuciones hechas por mujeres, las barreras con las que se toparon y las estrategias que desarrollaron para que su trabajo fuese aceptado.

Antigüedad
La participación de las mujeres en el campo de la medicina ha sido documentada por varias civilizaciones tempranas. Una egipcia, Merit Ptah (2700 a. C.), descrita en una inscripción como "médica principal", es la primera mujer mencionada en la Historia de la ciencia. Agamede fue citada por Homero como curandera en la Antigua Grecia antes de la Guerra de Troya. Agnodice fue la primera médica en trabajar como tal en el siglo IV a. C. en Atenas.
El estudio de la Filosofía natural en la antigua Grecia se abrió a las mujeres. Ejemplos documentados incluyen a Aglaonike, quien predijo eclipses; y a Téano, una médica y matemática que fue pupila (y posiblemente también esposa) de Pitágoras, y miembro de la escuela fundada por Pitágoras en Crotone, donde estudiaban otras muchas mujeres.[1]
Ha sido documentada la contribución de varias mujeres en la protociencia de la alquimia en Alejandría alrededor de los siglos I y II d.C, donde la tradición gnóstica liderada por mujeres ha sido valorada. A la más conocida, María La Judía, se le atribuye la invención de varios instrumentos químicos, incluida la técnica del baño María y un tipo de alambique.[2]
Hipatia de Alejandría, (370-415 a. C.), era hija de Teón de Alejandría, quien trabajaba y daba clases en la Biblioteca de Alejandría. Hipatia escribió textos de geometría, álgebra y astronomía, y se le atribuyen varios inventos como el hidrómetro, un astrolabio y un instrumento para la destilación de agua.[1]
Europa medieval

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Hildegard de Bingen.
La educación universitaria en Europa fue accesible para algunas mujeres durante el periodo medieval. Se cree que en el siglo XI, la médica italiana Trotula de Salerno, ocupó una cátedra en la Escuela Médica Salernitana, donde enseñó a muchas mujeres nobles italianas, un grupo referido en ocasiones como "las señoritas de Salerno".[2] Varios textos importantes en medicina, sobre todo en obstetricia y ginecología entre otras materias, también han sido atribuidos a Trotula. La Universidad de Bolonia permitía a las mujeres asistir a clase desde sus inicios en 1088, y Dorotea Bucca ocupó allí una cátedra durante el siglo XV.[3]
Los conventos medievales eran otro lugar para la educación de las mujeres, y algunos dieron oportunidades a las mujeres para contribuir en investigación académica. Sin embargo, en su mayor parte, las mujeres eran excluidas de las universidades.[4] Un ejemplo es la abadesa alemana Hildegard de Bingen, cuyos prolíficos escritos incluyen varias materias científicas, incluida la medicina, la botánica y la Historia natural (c.1151-58).[5]
] Revolución científica (siglos XVI y XVII)
A pesar del éxito de algunas mujeres, los sesgos culturales durante la Edad Media eran notables. Estos sesgos afectaron a la educación y la participación de las mujeres en la ciencia. Muchos creían en la sumisión de la mujer como un valor positivo y natural, y muchos de esos sesgos provienen de la filosofía cristiana. Santo Tomás de Aquino, refiriéndose a las mujeres, escribió en su obra más importante Suma Teológica, "este es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza, fue puesta bajo el marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento."[6]
La Revolución científica de los siglos XVI y XVII vio una gran afluencia de mujeres al campo de la ciencia, sin embargo, las mujeres fueron excluidas de las universidades. Así, para continuar con sus intereses científicos, las mujeres se vieron obligadas a obtener sus conocimientos de manera informal. Los hombres de la nobleza europea eran libres de desarrollar sus intereses en ciencia como hobby, y las puertas estaban abiertas a las mujeres que podían tomar parte en los trabajos científicos informales juntos a sus padres y hermanos. Se alientaban las habilidades en pintura de las mujeres nobles, y a menudo les servían para detallar y precisar las ilustraciones científicas
Margaret Cavendish, una mujer aristócrata del siglo XVII Duquesa de Newcastle, tomó parte en algunos de los debates científicos más importantes del momento. A pesar de no estar admitida en la Royal Society inglesa, una vez se le permitió asistir a una reunión. Escribió numerosos trabajos sobre materias científicas, incluyendo Observations upon Experimental Philosophy y Grounds of Natural Philosophy. En estos trabajos fue especialmente crítica con la creencia creciente de que los humanos, a través de la ciencia, eran los amos de la naturaleza. Como aristócrata, la Duquesa de Newcastle fue un buen ejemplo de mujeres que trabajaron en ciencia en Francia e Inglaterra.
Mujeres que querían trabajar en ciencia y vivían en Alemania llegaron con distintos bagajes. Allí, la tradición de la participación femenina en el oficio de la producción permitía a algunas mujeres adentrarse en la ciencia observacional, especialmente en astronomía.Entre 1650 y 1710, las mujeres representaban, en Alemania, el 14% del total de científicos en astronomía. La mujer astrónoma más conocida fue Maria Winkelmann. Fue educada por su padre y su tío y recibió conocimientos en astronomía por astrónomo autodidacta cercano. Su oportunidad de ser profesional en astronomía llegó cuando se casó con Gottfried Kirch, el astrónomo más conocido en Prusia. Ella se convirtió en su ayudante en el observatorio astronómico que operaba en  Berlín por la Academia de las Ciencias. Realizó algunas contribuciones originales, incluido el descubrimiento de un cometa. Cuando su marido murió, Winkelmann solicitó un cargo de astrónomo asistente en la Academia de Berlín, para el cual estaba altamente cualificada. Por ser mujer -sin estudios universitarios- se le denegó el cargo. Miembros de la Academia de Berlín temieron establecer el mal ejemplo de contratar a una mujer.
Los problemas de Winkelmann con la academia de Berlín reflejan los obstáculos que las mujeres afrontaban para ser aceptadas en la práctica científica, que estaba considerada como perteneciente principalmente a los hombres. Ninguna mujer fue invitada ni a la Royal Society de Inglaterra ni a la Academia de las Ciencias francesa hasta el siglo XX. Durante el siglo XVII una vida dedicada a la producción de conocimiento se consideraba incompatible con las labores domésticas a las que se esperaba que se dedeicaran las mujeres.
En general, la Revolución Científica hizo poco por cambiar las ideas existentes sobre la naturaleza de la mujer. Hombres científicos usaron la nueva ciencia para extender la idea de que la mujer era por naturaleza inferior al hombre, y que estaba subordinada a él y a desempeñar un rol doméstico como madres cuidadoras. La vasta distribución de la producción escrita aseguró la continuación de estas ideas.
Siglo XVIII
La Ilustración vio la expansión del rol de las mujeres en la ciencia. El surgimiento de la cultura de salón literario en Francia durante este tiempo, llevó a los filósofos y sus conversaciones sobre temas de política, sociedad y ciencia contemporánea, a las casas de los pudientes y poderosos. Estos salones eran mayoritariamente orquestados por mujeres, ya que la casa era tradicionalmente espacio de la mujer, y muchas mujeres reconocidas emergieron como figuras destacadas tanto por sus dotes de anfitrionas, que juntaba a los ilustrados intelectuales del momento, como por sus propias contribuciones intelectuales a la conversación.
Las mujeres pudieron también llevar a cabo algunos estudios científicos como pasatiempo. Por ejemplo, la botánica fue popular entre el interés de las mujeres durante el siglo XVIII; a pesar de que las mujeres no eran consideradas como suficientemente inteligentes para contribuir en los discursos formales sobre clasificación, pudieron, dado el sistema taxonómico, identificar y dibujar plantas y flores para su divertimento en el hogar. El dibujo fue también una importante habilidad que las mujeres cultivaron sobre manera en sus casas y que a menudo fue puesto al servicio de la ciencia, especialmente para el dibujo de las nuevas especies de plantas al regreso de viajes de exploración en el exterior. Maria Sibylla Merian incluso fue botánica en un barco que realizó montón de excursiones al nuevo mundo, dibujando y catalogando nuevas especies de flores. Sin embargo, el sistema de Carlos Linneo para clasificación de las plantas, basado en las características sexuales de éstas, derivó la atención hacia el libertinaje botánico, y hacia finales del siglo XVIII las mujeres dejaron de ser motivadas para el estudio de la reproducción de las plantas por miedo a que pudieran llevarse una educación moral equivocada de la naturaleza como ejemplo.
La autora Lady Mary Wortley Montagu a su vuelta a Inglaterra del Imperio otomano en 1717, trajo consigo la práctica de la inoculación como profilaxis contra la enfermedad de la viruela. Escribió sobre ello con detalle en su famosa correspondencia.[7]
Debido a que muchos de los experimentos y conversaciones tenían lugar en la casa, las mujeres pudieron disfrutar de un espacio en el que asistir a sus maridos u otros miembros de la familia interesados en la ciencia. Entre las mejor conocidas de estas esposas se encuentra Marie-Anne Pierrette Paulze, casada a los 14 años con Antoine Lavoisier y que devino su asistente en el laboratorio de su casa. Marie-Anne Pierrette Paulze hablaba inglés y tradujo no sólo la correspondencia de su marido con los químicos ingleses de la época, sino también íntegramente el "Essay on Phlogiston" de Richard Kirwan, conocida en español como la Teoría del flogisto. El texto de Kirwan se trataba de un texto clave en la controversia que existía entre los químicos ingleses, como Joseph Priestley, sobre la naturaleza del calor en las reacciones químicas. Marie-Anne Pierrette Paulze también recibió clases de dibujo de Jacques-Louis David, y personalmente gravó los catorce platos para el revolucionario trabajo de su marido, Tratado elemental de química (1789). Marie-Anne Pierrette Paulze mantenía un pequeño pero activo salón y correspondencia con los científicos y naturalistas franceses de la época, muchos de los cuales quedaron impresionados por su inteligencia. Su interés en la naturaleza del calor continuó tras la muerte de su marido, que fue guillotinado en 1794. Ella se casó de nuevo con Benjamin Thompson en 1804 y se convirtió en la condesa de Rumford, pero la intolerancia de Thompson por sus "fiestas de salón" y su rechazo por incluirla en su vida de experimentador, les llevó al divorcio cuatro años después.
Otro famoso ejemplo es la astrónoma Caroline Herschel, quien nació en Hanover pero se trasladó a Inglaterra, donde trabajó como asistente de su hermano, William Herschel. Recibió un pequeño sueldo de la Corona por su trabajo, un ejemplo temprano de una mujer siendo pagada como científica. Descubrió ocho cometas entre 1786 y 1797, y presentó el trabajo Index to Flamsteed's Observations of the Fixed Stars (que incluía más de quinientas estrellas desconocidas hasta entonces) la Royal Society en 1798, convirtiéndose en la primera mujer en presentar ahí un trabajo. En 1835, ella y Mary Fairfax Somerville fueron las dos primeras mujeres elegidas por la Royal Astronomical Society.
Siglo XIX temprano
La ciencia siguió siendo una profesión amateur durante la primera parte del siglo XIX. Las contribuciones de mujeres seguían limitadas por su exclusión de la mayoría de ámbitos de educación científica, pero empezaron a ser reconocidas debido a su admisión en las sociedades doctas durante este periodo.
La científica escocesa Mary Fairfax Somerville llevó a cabo experimentos en magnetismo, presentando un artículo titulado "The Magnetic Properties of the Violet Rays of the Solar Spectrum" a la Royal Society en 1826, siendo únicamente la segunda mujer en hacerlo. También fue autora de numerosos textos matemáticos, astrónomos, físicos y geográficos, y fue una ferviente defensora del derecho de la mujer a la educación. En 1835, junto a Caroline Herschel, fueron las dos primeras mujeres en ser elegidas por la Royal Astronomical Society.
La matemática inglesa Ada Lovelace (también conocida como Ada Byron) mantuvo correspondencia con Charles Babbage sobre aplicaciones para su máquina analítica. Es considerada como la primera programadora, ya que escribió la manipulación de los símbolos, de acuerdo a las normas para la máquina de Charles Babbage aún antes de ser construida. En las notas que ella añadió (1842-3) a su traducción del artículo sobre la máquina de Luigi Menabrea previó amplias aplicaciones para su uso como computadora de uso general, incluyendo la composición de música.
En Alemania, el Instituto de Diaconisas de Kaiserswerth fue establecido en 1836 para la instrucción de las mujeres en enfermería, y Florence Nightingale también estudió allí en 1851.[8]
La primera mujer en obtener un título de grado fue Catherine Brewer Benson en 1840.[9]
En los Estados Unidos, Maria Mitchell se dio a conocer por el descubrimiento de un cometa en 1847, pero también trabajó para la Oficina de elaboración de Almanaque Naval de EEUU calculando tablas para las posiciones de las posiciones astronómicas de Venus. Fue la primera mujer miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias en 1848 y de la American Association for the Advancement of Science em 1850.
Otras mujeres científicas notables durante este periodo incluyen a:[1]

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